del libro de C.S. Lewis LEWIS, C.S. (2022) Cómo Orar Grupo Nelson Nashville, Tennessee, EEUU
Sobre las dudas más frecuentes sobre la oración. ***Recordar que C.S. Lewis no es católico (era anglicano) pero sus escritos muchas veces atañen a todas las denominaciones cristianas.
pp. 149-156
«Si el sufrimiento es bueno, ¿no deberíamos perseguirlo en vez de evitarlo? Mi respuesta a esta pregunta es que el sufrimiento no es bueno en sí mismo. Lo verdaderamente bueno para el afligido en cualquier situación dolorosa es la sumisión a la voluntad de Dios. Para el observador de la tribulación ajena lo realmente beneficioso es, en cambio, la compasión que despierta y las obras de misericordia a las que mueve».
«Dios nunca quiere el menor sufrimiento para ninguna criatura, pero puede quererlo en lugar de alguna alternativa: por ejemplo, quiso la crucifixión en lugar de que el Hombre quedara sin redención (y así no fue, en todos los sentidos, su voluntad que la copa pasara de su Hijo».
«El pecado hace realmente que abunde la gracia, pero no podemos convertir ese hecho en excusa para seguir pecando. La misma crucifixión es el mejor —y también el peor— de todos los acontecimientos históricos, pero el rôle de Judas continúa siendo sencillamente perverso».
«La mortificación es completamente diferente de la tribulación enviada por Dios» [...] «El ayuno refuerza la voluntad frente al apetito. Su recompensa es el autodominio, y su mayor peligro, el ayuno».
«Las prácticas ascéticas, muy adecuadas en sí mismas para fortalecer la voluntad, solo son útiles si capacitan a esta para poner en orden su propia casa —las pasiones— como preparación para ofrecer el propio ser completamente a Dios. Son necesarias como medio. Como fin en sí mismas serían abominables». p 155
«La renuncia cristiana no es la apatía estoica, sino la disposición a preferir a Dios antes que otros fines inferiores legítimos en sí mismos. De ahí que el Perfecto Hombre expusiera en Getsemaní la voluntad, la firme voluntad, de eludir el sufrimiento y escapar a la muerte si ello fuera compatible con la voluntad del Padre».
pp. 164-167:
«¿No representa con claridad cada uno de los movimientos de la Pasión algún elemento común de los sufrimientos de nuestra raza? En primer lugar, la plegaria de la angustia, que no es atendida. Entonces se vuelve a sus amigos.
Los amigos duermen; como los nuestros, o como nosotros estamos tantas veces ocupados o lejos o preocupados. Luego mira hacia la iglesia, la iglesia verdadera que Él fundó, y lo condena. También esto es característico. En toda iglesia, en toda institución, hay algo que antes o después obra contra el verdadero propósito para el que nació. Pero parece haber otra oportunidad: está el Estado; en este caso, el Estado romano. [...] Pero ni siquiera, ahora está todo perdido. Queda todavía el recurso al Pueblo, a los pobres y sencillos a los que Él había bendecido, a los que Él había sanado, a los que Él había alimentado y enseñado, a los que Él mismo pertenecía, Pero durante la noche se han convertido (lo cual no es nada infrecuente) en una plebe asesina que pide a gritos su sangre. No queda, pues, nada, salvo Dios. Y las últimas palabras de Dios, a Dios, son: «Por qué me has abandonado?».
Usted comprende qué característico, qué representativo es todo esto. La situación humana representada con claridad. Todo esto se encuentra entre las cosas que significan ser hombre. [...]
En cuanto al último desamparo, ¿cómo podemos entenderlo o soportarlo? ¿Es que el mismo Dios no puede ser Hombre a menos que Dios parezca desaparecer en su mayor apuro? Y si es así, ¿por qué? Me pregunto a veces si hemos si quiera comenzado a entender lo que implica el preciso concepto de creación. Si Dios quiere crear, quiere que algo sea, y que, sin embargo, no sea Él mismo. Ser creado es, en cierto sentido, ser expulsado o separado. ¿Podría ser que, cuanto más perfecta fuera la criatura, tanto más lejos fuera empujada esta separación? Son los santos, no la gente común, los que experimentan la «noche oscura». Son los hombres y los ángeles, no las bestias, los que se rebelan. La materia inanimada duerme en el seno del Padre. La ocultación de Dios tal vez abrume más dolorosamente a aquellos que desde otro punto de vista están más cerca de Él, y, por tanto, Dios mismo hecho hombre ¿será de todos los hombres el más abandonado por Dios?
[...]
Soy, como puede ver, un consolador de Job. Lejos de iluminar el valle oscuro en que usted se halla ahora, lo oscurezco.
[...]
No estamos en una senda no hollada, sino, más bien, en el camino principal».
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