sábado, 11 de abril de 2026

Notas libro Isaac 01

 LA ORACIÓN algunos apuntes libro ISaac



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  • (Necesidad de la oración)

  • (Oración y lucha espiritual)

  • (Definición de oración)

  • (María y la oración)




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El gran medio de la oración - San Alfonso María de Ligorio… Edición de “Mi Biblioteca Católica”

Hablo asi, porque veo, por una parte, la absoluta necesidad que tenemos de la oración, según doctrina repetida en las sagradas Escrituras y en los libros de los Santos Padres; y por otra, el poco cuidado que los cristianos tienen en practicar este gran medio de salvación. (pag 5)


(Necesidad de la oración)


el Doctor Angélico dice que la oración es la elevación del alma a Dios. Completando esta definición con lo que enseñan recientes catecismos, puede decirse que la oración es la elevación del alma y del corazón a Dios, para adorarle, darle gracias y pedirle lo que necesitamos. (p 9)


(Definición de oración)


Nada más claro que el lenguaje de las Sagradas Escrituras, cuando quieren demostramos la necesidad que de la oración tenemos para salvamos... Es menester orar siempre y no desmayar... Vigilad y orad para no caer en la tentación. Pedid y se os dará... Está bien claro que las palabras: Es menester... orad... pedid significan y entrañan un precepto y grave necesidad. (p. 9)


(Necesidad de la oración)


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Paráfrasis: Sin la oración no podríamos salvarnos, es necesaria para alcanzar de Dios los medios de nuestra salvación. (cf. pp 12-13)

(Necesidad de la oración)

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Y apresurémonos a decir que esta ayuda de la gracia, según su providencia ordinaria, no la concede el Señor, sino a aquel que reza, como lo afirma la célebre sentencia de Gennadio: Firmemente creemos que nadie desea llegar a la salvación si no es llamado por Dios... que nadie camina hacia ella sin el auxilio de Dios... que nadie merece ese auxilio, sino el que se lo pide a Dios. (p 13)


Sin la gracia de Dios no podemos resistir a muchos y poderosos enemigos... Y como esta gracia sólo se da a los que rezan, por tanto sin oración no hay victoria, no hay salvación (p. 14)


(Necesidad de la oración)

Es además la oración el arma más necesaria para defendernos de los enemigos de nuestra alma.


El que no la emplea, dice Santo Tomás, está perdido. El Santo Doctor no duda en afirmar que cayó Adán porque no acudió a Dios en el momento de la tentación. (p. 16)


(Oración y lucha espiritual)

Y hasta quiso [el Señor] que la oración fuera el sello que distinguiera su Iglesia de las demás sectas, pues dijo de ella que su casa era casa de oración: Mi casa será llamada casa de oración. (p. 17)


(Necesidad de la oración)


 [dice san Agustín:] Cuando el Señor nos hace comprender que no somos capaces de guardar todos sus santos preceptos, nos mueve a hacer las cosas fáciles con la gracia ordinaria que pone siempre a nuestra disposición: para hacer las más dificiles nos ofrece una gracia mayor que podemos alcanzar con la oración. Y si alguno opusiere por qué nos manda el Señor cosas que están por encima de nuestras fuerzas, le responde el mismo Santo: Nos manda algunas cosas que no podemos para que por ahi sepamos qué cosas le tenemos que pedir. p. 19


[dice el mismo san Agustín:] Dios cosas imposibles no manda, pero, cuando manda, te exhorta a hacer lo que puedes y a pedir lo que no puedes, y entonces te ayuda para que lo puedas. (p.18)

(Oración y lucha espiritual)



Conviene sobre todo que estemos persuadidos que nadie podrá vencer las tentaciones impuras de la carre si no se encomienda al Señor en el momento de la tentación. Tan poderoso y terrible es este enemigo que cuando nos combate se apagan todas las luces de nuestro espíritu y nos olvidamos de las meditaciones y santos propósitos que hemos hecho, y no parece sino que en esos momentos despreciamos las grandes verdades de la fe y perdemos el miedo de los castigos divinos. Y es que esa tentación se siente apoyada por la natural inclinación que nos empuja a los placeres sensuales. Quien en esos momentos no acude al Señor está perdido. Ya lo dijo San Gregorio Nacianceno: La oración es la defensa de la pureza. (p. 20)


Injustamente por tanto se excusan los pecadores que dicen que no tienen fuerzas para vencer las tentaciones. ¡Qué atinadamente les responde el apóstol Santiago cuando les dice: Si las fuerzas os faltan ¿por qué no las pedis al Señor? ¿No las tenéis? Señal de que no o las habéis pedido. (p. 21)

(Oración y lucha espiritual)

En otro lugar saca el mismo Santo [san Bernardo] de todo esto una consecuencia lógica, cuando dice que María ha recibido de Dios dos plenitudes de gracias- la primera, la encarnación del Verbo eterno, tomando carne humana en su purísimo seno... la segunda, la plenitud de las gracias que de Dios recibimos por su intercesión. Oigamos las palabras del mismo Santo Puso el Señor en María la plenitud de todos los bienes, y por tanto, si tenemos alguna gracia y alguna esperanza, si alguna seguridad tenemos de salvación eterna, podemos confesar que todo nos viene de ella, pues rebosa de delicias divinas. Huerto de delicias es su alma y de allí corren y se esparcen suaves aromas, es decir, los carismas de todas las gracias. (p. 32)


Nos exhorta San Bernardo a recurrir siempre a esta divina Madre, ya que sus súplicas son siempre escuchadas por su divino Hijo. Acudamos a María, exclama con fervoroso acento, lo digo sin vacilar el Hijo oirá a su Madre. (p.33)


(María y la oración)

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Promesa que ha hecho el Señor al alma que reza:
«Invócame el día de la tribulación... Llámame y yo te libraré... Pedid y se os dará... Buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá. Cosas buenas da mi Padre que está en los cielos a los que lo piden... Todo aquel que pide, recibe... Lo que queráis, pedidlo, y se os dará. Todo cuanto pidieren, lo hará mi Padre por ellos. Todo cuanto pidáis en la oración, creed que lo recibiréis, y se hará sin falta. Si alguno pidiereis en mi nombre, os lo concederé». (p. 38-39)

«Todo lo podemos con la oración: con ella nos dará el Señor la fuerza que necesitamos». (p. 38)
«San Buenaventura asegura que con la oración podemos adquirir todos los bienes y librarnos de todos los males». (p. 38)

«San Lorenzo Justiniano afirma que con la oración levantamos una torre fortísima donde hemos de estar seguros de las asechanzas y ataques de todos nuestros enemigos». (p. 38)

«[Dios] permite que seamos asaltados de muchas y terribles enemigos para que acudamos a Él y le pidamos la ayuda que Él mismo nos prometió». (p. 39)

«Si halla mucha complacencia en ver como recurrimos a Él, no es menos su pena y pesadumbre cuando nos halla perezosos en la oración». (p. 39)

«Lo mismo que un rey tendría por traidor al capitán que se halla situado en una plaza y no piden fuerza de socorro, de la misma manera, dice san Buenaventura, tiene el Señor por traidor a aquel que al verse sitiado de tentaciones no acude a Él en demanda de socorro». (p. 39)

«La oración responde el Crisóstomo es [...] Defensa segurísima para aquel que quiere conservarse firme ne santidad» p.40
«Confesado el profeta David: Abrí los labios para rezar y en el acto recibí la ayuda de Dios» p. 41

cardenal Gotti: «el Señor no está obligado a darnos una gracia que sea tan poderosa como la tentación ,pero sí la tentación arrecia y nosotros acudimos a Él, entonces Él se obliga a darnos la fuerza necesaria para vencer la acometida del demonio». p. 42

«Concluyamos que si somos vencidos, culpa nuestra es,, por no haber rezado». p. 42

«Tan gratas a Dios son nuestras plegarias que ha querido que sus santos ángeles se las presenten, apenas se las dirigimos». p. 37

[Isaías] «De ninguna manera lloraréis: El Señor, apiadándose de ti, usará contigo de misericordia al momento que oyere la voz de tu clamor te responderá benigno». p. 43

«Tan pobres somos que por nosotros mismos nada tenemos, pero con la oración podemos remediar nuestra pobreza. Si nada tenemos, Dios es rico, y Dios, dice el Apóstol, es generoso con todos aquellos que lo invocan» p. 44-45

«Tratamos con un Dios que es infinito en poder y riquezas. No le pidamos cosas ruines y mezquinas, sino cosas muy altas y grandes. Pedir a un rey poderoso un céntimo vil, sería sin duda una especie de injuria». p. 45

Crisóstomo: «con la oración abriremos para dicha nuestra el arca de los tesoros divinos». p. 46

«Agustín no duda en afirmar que es cosa mejor rezar que meditar [...] Leamos y meditemos en buena hora, pero es cosa cierta que no aplicarnos con nuestros deberes, si no pedimos a Dios la gracia para cumplirlos». p. 47

«aquel que no se recoge para hacer meditación y en ese momento no reza y pide las gracias que necesita para la perseverancia en la virtud, no lo hará en otro momento». p. 47

«Decía san Buenaventura que a veces más alcanzamos y más pronto con una breve oración que con muchas obras buenas». p. 48

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